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MODO PAREJA: loading...

Todo cambia, gira, se mueve. Evolucionamos o eso tratamos de hacer. Hasta los conceptos se transforman, por ejemplo el de “tener pareja”. Antes era lo normal, incluso lo que se buscaba, se veía como un asentamiento de cabeza. La verdad, nos lo vendían muy bien con los cuentos de princesas. Pero hoy ya no estamos interesados en nuestra media naranja. Más bien lo que deseamos es “pasarlo bien” y no malgastar el tiempo. De ahí surge el miedo al compromiso, porque si nos ponemos modo parejita, creemos perder más que ganar. A ver, siendo sinceros, requiere un gran esfuerzo. Te das cuenta cuando cambias un sábado noche de locura por Netflix. Luego, todo va a peor: aparece el verbo “nosotros” en tu vocabulario, los planes con tus amigos pasan a un segundo plano, las alarmas en tu móvil con recordatorios de fechas “importantes”, el stalkeo al Instagram de tu pareja cuando sale de fiesta, etc. El problema de que haya cambiado el concepto de pareja es que no ha cambiado su significado. Tener p...

¿QUÉ SOMOS?

Odio que me hagan esa pregunta.  Se arriesgan a escuchar lo que no quieren oír, porque quien pregunta siempre quiere algo más.  Y para qué, ¿por una etiqueta de mierda? ¿No hay suficientes hastags en las redes ya? No entiendo por  qué necesitamos ponerle nombre a todo. Es obsesivo, controlador, analítico. Entonces, ¿por qué queremos crear una inteligencia artificial que se parezca a nosotros? Si cada vez somos nosotros los que nos parecemos más a un puto ordenador. Me preocupa. Los objetos son un fin para y las personas un fin en sí mismo, no al revés.  Pues ayer le pregunté qué somos a alguien. ¡Boom! Te acaba de dar un cortocircuito mental. Sí, lo admito. E s verdad eso que dicen, que de repente aparece una persona que te da mil vueltas, te rompe todos los esquemas, te vuelve jodidamente loco. En ese momento, no quieres, pero necesitas ponerle nombre a todo ese terremoto de emociones. No sabes si es por entenderte o entenderlo, por controlarlo o controlarte, como...

MAMÁ, ESTOY ENAMORADA

Sí, soy su esposa. Hace ya un tiempo que me casé con la noche. Por aburrimiento, por sus excesos, quizá por ambas. Cómo negarme si cansada de máscaras, me regaló una botella de ron. Cómo negarme si me aleja de la monotonía. Cómo negarme si me promete valor, soltura, paz. Así es ella, coqueta, te atrae con la pasión de una habitación de hotel. Te mima con tiempo, con risas, sin  preocupación. Te quiere y te tiene ahí, entre mejores momentos, en tu forma más pura.

LO QUE NO QUEREMOS RECONOCER

Nos ponemos excusas para todo. ¿Miedo? En algunos casos. ¿Pereza? Casi siempre. ¿Tendencia al fracaso? Ya te sabrás la respuesta. Queremos abarcarlo todo, sin llegar a nada, sin hacer nada. Lo deseamos ya y cuando lo tenemos, no es importante. Vivimos de la expectativa de llegar a ser o como otros te dicen que es ser "mejor". Digo otros, no sociedad. Qué manía le tenéis a la puta sociedad, siempre echándole la culpa de todo. La sociedad la formamos nosotros, tú eres esa sociedad que tanto detestas y a la vez que tanto admiras,  porque sigues sus pautas para llegar a ese "ideal". Esa es otra de nuestras características más jodidas, la hipocresía. Por ejemplo, las personas que se apuntan a una ONG por imagen y no por la causa (sí, son esos que fardan de colaborar y luego no se acuerdan ni del nombre de la asociación) o los que se vuelven repentinamente vegetarianos/veganos y el argumento más sólido que te pueden aportar son los sentimientos de los animales (si se demo...

ANA

Llegaste un día entre hojas en blanco y bolígrafos en mano. Eras un culo inquieto, un más fuera que en casa, un "me apunto". Puro caos sobre ruedas. Derribaste todos mis muros. Me conquistaste hasta el punto de llamarte esposa. Contigo nunca fui más yo. Éramos aquella tarde de cervezas y patatas fritas, esa noche de acampar ilegalmente en el bosque, esas fiestas locas en Punta Umbría, esos planes improvisados, esos gritos en el parque de atracciones, esos besos tontos de provocación en Nazca. Pero cerraste la puerta. Ya no me dejas entrar. Nunca te encontraste o eso piensas. Sí, lo hiciste. Te dio miedo, no encajaba con las versiones que los demás tenían de ti. Dices que no, pero yo también derribé tus muros. Hoy eres lo que otros quieren que seas. Ana, despierta de una vez.